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Durante el mes de marzo, la balanza comercial registró un saldo positivo de 635 millones de euros, en un trimestre en el que las exportaciones españolas crecieron hasta los 56.584 millones de euros.

Este dato se da por primera vez desde que se comenzó a registrar la serie histórica, en el año 1971, afectado claramente por una tendencia paralela: el claro incremento de la vocación importadora de la industria nacional, y la evidente caída en la compra de productos energéticos, derivada de la actual situación de crisis, y de la que el país es absolutamente dependiente.

Sin lugar a dudas, el aspecto más interesante de esta situación es la reorientación de la comercialización de los productos fabricado0s dentro de nuestras fronteras hacia mercados exteriores, con perspectivas económicas más favorables. De esta manera, las exportaciones a destinos fuera de la UE crecieron un 20,8% durante el mes de marzo.

Destacan el incremento de las ventas, con respecto al año anterior,  a Oriente Medio (35,2%) África (22,6%) y América del Norte (7,1%). En países como Emiratos Árabes el incremento ha alcanzado un sorprendente 158%. En contraste, las exportaciones a nuestros socios comunitarios, inmersos en una situación recesiva, o de nulo crecimiento, ha descendido un 8%. Se constata asi que los mercados exteriores son una ventana abierta al crecimiento, donde muchas empresas de nuestro territorio ha encontrado terreno abonado para continuar sus plantes de expansión.

Los principales sectores exportadores fueron los bienes de equipos, los alimentos, los productos químicos, la automoción y los productos semimanufacturados.

Sin lugar a dudas este es el efecto más positivo de la crisis: las empresas nacionales están abordando nuevos mercados, obligados por la situación de sus mercados tradicionales, y al hacerlo, descubren que tienen la capacidad y la calidad necesaria para hacerse un hueco en un mundo, cada vez más localizado. Se están aprendiendo las nuevas normas del juego, y se está saliendo sin complejos, y con muchas oportunidades.

Sin duda es una tendencia que debe mantenerse, potenciarse e interiorizarse dentro del ADN de las compañías. Volverán ciclos en los que los mercados más próximos vuelvan a ser rentables, pero cuando nuestras empresas los atiendan de nuevo, serán más fuertes, más estables, mejor preparadas y menos dependientes, habiendo alcanzado un estado de madurez, que será el auténtico garante de su supervivencia.