El tamaño importa

El tamaño importa

Una imagen sigue valiendo más que mil palabras.

A nadie se le escapa de la importancia de elegir bien la foto que mejor ilustra un post o comentario en las redes, y cada vez más. Sin embargo, a veces fallamos en el formato de las imágenes. No es una cuestión baladí ya que los tamaños óptimos cambian con el tiempo a medida que cada red social modifica su plataforma. Por este motivo es tan importante estar al tanto de esos detalles.

En esta infografía de Constant Contact se muestran las dimensiones de una imagen estándar para las seis principales redes sociales a día de hoy.

Photoshop: desafío al rey de la manada

Photoshop: desafío al rey de la manada

Recientemente, Adobe Photoshop ha cumplido 25 años, durante los que se ha mantenido como líder indiscutible en un sector en el que su marca se ha convertido en un auténtico referente del procesado de imágenes digitales, pero… ¿por cuántos años más?

Vivimos en una época en el que el ciclo de vida de las empresas tecnológicas se ha acelerado vertiginosamente, siendo aproximadamente de unos 17 años. Esta cifra contrasta poderosamente con los estudios realizados durante los años 70, en los que las grandes corporaciones tenían una esperanza de vida de más de 60 años. La introducción de las tecnologías más avanzadas ha traído consigo una rápida decadencia de marcas comerciales que, a priori, estaban destinadas a liderar el mercado. Todos recordamos casos como los de Nokia, Kodak… y si nos centramos en el campo del software, es más exagerada aún la tendencia. La propia Adobe retó a líderes de la manada hasta acabar con ellos (pocos diseñadores olvidan el caso de Aldus – Macromedia FreeHand, un auténtico standard de mercado, eliminada por la propia Adobe para potenciar sus aplicaciones Illustrator e Indesign) Tampoco corrieron mejor suerte QuarkXpress, Macromedia Director, FrontPage, PageMill… incluso a Dreamweaver sufre el ataque de los CMS open source y Flash languidece víctima de la apuesta decidida de Apple por HTML5.

Pero en un mundo tan acelerado, Adobe mantiene, con Photoshop una posición que parece intocable… ¿o tal vez no? Es posible que, desde que Thomas Knoll escribiese las primeras líneas de código desde la Universidad de Michigan, éste sea el momento más delicado para la aplicación de retoque de imágenes, y en esta ocasión, las aguas no se filtran a través de la capacidad técnica de las aplicaciones, sino que entran a través de la grieta abierta por el sistema de comercialización del la Creative Suit del gigante del software.

Y es que ya no es posible hacer una inversión importante en software y estirarlo durante unos cuantos años para sacarle rentabilidad. El modelo único de pago existente actualmente en Adobe implica el pago mensual de una cantidad  accesible, que ofrece la ventaja de trabajar en la nube y se mantiene permanentemente actualizada. Sin embargo, a largo plazo, Adobe consigue que convertir a sus clientes en subscriptores, creando clientes cautivos. Los usuarios se mantienen perfectamente actualizados, previo pago de una cuota mensual engañosamente reducida pero… ¿Tanto nos aporta cada una de sus nuevas actualizaciones? ¿No hemos llegado al punto en el que la campana de gauss inicia su descenso, en una matriz “características – productividad”? ¿Requiere nuestro trabajo, realmente, equipos y software de acelerada  obsolescencia? A día de hoy, una furgoneta de reparto resulta más productiva, desde el punto de vista de la rentabilidad, que un buen hardware cargado de software actualizado.

Y el sector se ha dado cuenta. Desde hace unos meses están apareciendo una serie de aplicaciones de retoque y producción de imágenes raster y vectoriales, herramientas de coste contenido y de funcionalidades muy profesionales, que desafían al macho alfa de la manada. En el sistema de comercialización es donde han encontrado su oportunidad de negocio, y están decididos a explorarla. Compañías de Software, como Affinity, están sacado unas primeras versiones al mercado de aplicaciones de retoque profesional de imágenes raster (Affinity Photo) o incluso de dibujo vectorial -especie en peligro de extinción- (Affinity Designer), la primera gratuita en formato beta, y la segunda al irrisorio precio de 50 € y con actualizaciones gratuitas de por vida. Todas ellas aplicaciones profesionales, serias y capaces. El único obstáculo que se interpone entre ellas y el éxito, no está hecho de parámetros racionales, entendiéndose como tales la funcionalidad y el coste, sino que de aspectos más mundanales: como los afectos personales o la resistencia al cambio en nuestras rutinas de trabajo. ¿Será un obstáculo demasiado grande como para que pueda ser obviado por las nuevas generaciones de diseñadores gráficos? ¿Conseguirá Photoshop resistir otros 25 años a los ataques de una nueva generación, joven y sobradamente preparada?

Sobre traducciones y documentos digitales…

Sobre traducciones y documentos digitales…

Recientemente, uno de nuestros clientes nos solicitó que mandásemos traducir a ruso varios de sus catálogos. Los necesitaba con urgencia porque estaban en las últimas fases del proceso de obtención del GOST, el certificado de conformidad con los estándares rusos, requisito obligatorio para poder exportar sus productos a ese país. Dicha traducción era parte de los requerimientos del proceso.

De partida sólo contábamos con los pdf’s de sus antiguos catálogos y los archivos word que nos envió el traductor. Coser y cantar. Pero no tanto.

Integrar los textos fue bastante complejo, ya que es relativamente fácil maquetar una traducción con unos guarismos que conoces, porque puedes recordar palabras y hasta frases, aunque suenen a finlandés. Pero cuando hay que retener en la memoria cosas que suenan a ruso, como “Наши ведущие позиции на рынке поддерживаются проектным отделом компании”, en donde no tienes claro si escribes en mayúsculas o en minúsculas (Dios mío, esta gente se escribe los e-mails a gritos), el trabajo se complica un poco. Edurne, nuestra diseñadora, nos recordaba constantemente que las traducciones en “ruso” son trabajo para “chinos”.

Cuando todo estuvo finalizado, subimos los catálogos a la web e informamos al cliente. Obviaremos lo divertido que es buscar etiquetas en HTML rodeadas por guarismos cirílicos… Poco días después, el cliente nos informó de que todo iba bien, excepto uno de los archivos, que no se podía descargar, porque el navegador se bloqueaba. Curiosamente, era el que menos pesaba de todos ellos. Rápidamente comprobamos que funcionaba bien en Safari para MacOS, en Chrome, en Firefox, en Opera, desde el iPhone… incluso desde un Netscape instalado en un viejo MacBook pro… y, sin embargo, en Explorer 11 sobre Windows 7 “cascaba”.

chiste c&p 77Ya nos disponíamos a bucear entre la miríada de opciones que ofrece Acrobat para optimizar un pdf, cuando reparamos, con cierta incredulidad en el nombre del archivo: mientras que a los cuatro primeros les dimos nombres en inglés, éste último se llamaba “general-Генеральный каталогlow.pdf”. Cambiamos el nombre a “general-catalogue.pdf” y todo funcionó como la seda. Se conoce que, al Explorer, no le sientan bien ni los caracteres rusos ni la diversidad en los seres humanos. Microsoft: siempre a la retaguardia de la vanguardia.

Tuvimos suerte porque descubrimos el problema a rápidamente y nos ahorramos unas cuantas horas de dar vueltas con rumbo a ninguna parte. Y por si fuera poco, sacamos un tema para este artículo que añadimos a este humilde blog. Si nuestra experiencia puede ayudar a alguien, nos daremos por satisfechos.

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